Comunidad de los Esenios

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SOBRE EL AMOR…

Hoy por la mañana pensaba…

¿De qué se trata esta historia de San Valentín… De qué amor habla, del amor romántico, de la ilusión, del amor incondicional, de la amistad como visión o sentimiento de amor, vemos al amor como un concepto del diccionario…? ¿Es parte de los estereotipos…? Se habrá codificado en su sentido verdadero en el corazón de la humanidad…?

Estos acontecimientos o celebraciones mundiales masivas no quedan nada claras.

Tenemos por un instante la sensación de vernos como el amor mismo; pero… ¿Sin mirar afuera? ¿Sentimos realmente que nosotros “solo” nos merecemos un día al año por la fuerza transformadora del amor que llevamos dentro y aun así estamos muy lejos de ello? ¿Nos reconocemos de verdad…?  ¿Sabemos que venimos del amor?

Mientras pensaba en todas estas preguntas, no dejaba de escuchar el revoloteo de 2 palomas en la ventana de mi dormitorio, era tanta la bulla y el movimiento que me asome a ver que pasaba. Ellos en su estado natural, de inocencia pura, se aproximaban, revoloteando y se reflejaban mutuamente los mismos movimientos, sin confundirse , respetando su espacio, cada uno tenía su rol como complemento, acercaban sus picos de una forma muy armoniosa y lo hacían lentamente, esperando el momento de cada uno. Era ver una danza de amor…

Fue realmente un regalo muy hermoso que recibí aquella mañana.  De pronto sentí…

…Será que la Voz del Viento ha Susurrado Suavemente en ellos… ¿El Amor?, me pregunté.

¿Y sus movimientos son tan solo reflejo de amor?. Pues la danza es sentir la vibración dentro de cada uno, vibración o melodía, que aunque no haya música aparente, la llevamos en ese silencio absoluto del corazón. Y la vives cuando logras conectarte con tu sensibilidad, con tu creación, con lo que “ERES”.

Muchas veces el miedo de abrir el corazón es tan solo paso previo del valor de la osadía de tener que escoger un camino, sabiendo que antes de entrar en el camino tendrás que soltar con fortaleza y sabiduría muchas cosas, entre ellas al ego que cree que lo gobierna todo y te esclaviza de una forma que si tendrías un espejo al frente para verlo… correrías al camino sin dudar por un instante. El ego te dice: “¡Sigue pensando con miedo, tu eres poderoso porque todo lo controlas… Nadie te gana, eres el único dueño de tus inseguridades, no escuches, solo mírame y dedícame toda tu atención. Hago débil a muchos y los lleno de juicios y… Los dejo solos, apartados del camino, pues mi alimento de tu debilidad!”

Cruzar la línea para curar las heridas del alma. y llegar al amor, es el camino. Solo hay que tener el valor de enfrentarlas, no basta con tener la intención. Es la actitud la que te llevará a la felicidad y sentirás que todos los días de tu vida estarás celebrando el día del amor.

Hemos venido al mundo a ser felices, solo felices. Porque simplemente todos somos Amor.

QUITANDO PESO A NUESTRAS MOCHILAS

Cuántos de nosotros hemos sentido en más de una ocasión haber estado en un lugar o haber vivido un momento como si ya hubiera ocurrido, como un “Déjà vu”. Seguro que no somos pocos.

Quizás sea porque nuestra existencia no es de ahora, tiene ya muchos años.   Y aunque esto parezca complicado, entenderlo nos simplifica la vida.

¿Qué somos sino el producto de lo que traemos? Qué fuimos sino el producto de lo que somos?

Cuántos de nosotros quisiéramos retroceder en el tiempo para sacarle un beso más a nuestro padre, sacarle una lágrima de felicidad a nuestra madre, completar aquello que no pudimos concluir, evitar aquello que no debió ocurrir. Si alguien nos dijera hoy que podríamos voltear nuestra mirada y no desanimarnos por nuestro pasado porque hoy le daremos alivio, nos  parecería una ficción.

Quizás hoy no solamente nos veamos reflejados en la sonrisa de un niño, sino que la encontremos muy familiar. Ese carisma podría no ser algo casual. Y porque la casualidad no existe, podríamos intentar reconocer a esa persona que en forma amigable y desinteresada nos ofrece su mano y nos introduce en vivencias llenas de virtud y de amor. La vida nos ofrece siempre una oportunidad más para encontrarnos con ese niño, con esa mujer, con esa persona a quien no le agradecimos, no le pedimos perdón, no le perdonamos lo suficiente.

Quizás aquel que está a nuestro lado y no lo reconocemos, sea como ese “hilo” que faltaba en ese manto que venimos tejiendo hace mucho tiempo, ese hilo tan especial…

Solemos escuchar frases como “el mundo es un pañuelo” y tiene mucho sentido.

Reconocer que no sólo somos materia,  nos introduce en un estado lleno de conocimiento. Aceptar que además somos seres espirituales nos permite entender. Entender que las cosas pasan por algo, entender que ayer estuvimos juntos y que hoy nos reencontramos, entender que nuestra proyección llega a todos los confines de la Tierra, entender que entramos a una dimensión sin límites, entender que una buena acción que hagamos hoy,  mañana la veremos multiplicada por 100, por 1,000 o por mucho más, entender la Obra de Dios.

Y para entender la Obra de Dios, sólo tenemos que contraernos y mirarnos a nosotros mismos. Mirar, oler, palpar, vibrar, sentir a través de nuestra propia esencia, de la conexión que tenemos con nuestro Creador.

Es que al soltarnos y liberarnos, nos dejamos llevar por esa voz interna que no es más que esa línea de comunicación que Dios mantiene con nosotros para hablarnos, aconsejarnos, mimarnos, cuidarnos, para que nada malo nos pase. Sin embargo nosotros nos empeñamos en entorpecer ese hilo, en hacer oídos sordos a su mensaje, a acomodarnos a lo establecido, a no cuestionar nada, a no despertar nuestros sentidos, a no entrar en nuevos estados, a no evolucionar.

Quizás hoy tengamos que responder por las ofensas de ayer. Quizás las ofensas de hoy las llevaremos al mañana. Bueno, de cualquier forma, si estamos atentos y somos observadores, podremos dar lectura a esas respuestas. Todo tiene una correlación. Una cosa trae la otra y hoy nosotros tenemos la bendición de corregir y subsanar.

No podemos permitir que estos hechos ocurridos ayer interfieran nuestra felicidad de mañana, no podemos llevar tanta carga, no podemos hipotecar nuestro futuro.

No nos olvidemos que un error que traemos del pasado no sólo lo llevaremos en nuestra conciencia. Podría pesar mucho, pero sobre todo podría replicar en nuestra materia. Y el día de mañana no podremos respondernos a tantas interrogantes sobre sufrimientos, enfermedades o estigmas; que pretenderemos llamarlas erróneamente “karma”o justificarlas dándole cualquier nombre y explicación, por no encontrarle su verdadero origen.

Si pudiéramos liberar nuestra mochila de tanta carga inútil, podríamos no sólo revertir todo ese sufrimiento, sino que nos quitaríamos peso, podríamos ser libres, podríamos volar, podríamos ser uno con la naturaleza, pero por sobre todo, podríamos “SER”.

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