NUESTROS ORÍGENES

NUESTROS ORÍGENES

Nuestros orígenes se remontan cientos de miles de años, en un tiempo en que la humanidad vivía en caos, debido a la desobediencia y confusión del hombre. Geográficamente, debemos ubicarnos en la localidad de Ur.

A pesar del desorden en que se vivía, existía una pareja de esposos, Shada y Neshedad, quienes guiaban una tribu o grupo de personas y vivían en armonía, de acuerdo a las enseñanzas de sus ancestros.

Chusa (Dios) bendijo a Shada y Neshedad con un hijo, al que pusieron por nombre Aneshada. Él creció alimentándose de tres principios fundamentales: el Amor, la Paz y la Unión entre todos los seres de la Tierra. Aneshada, al igual que su papá, era pastor de ovejas y siempre cuidaba de su rebaño con mucho amor. Cada noche Shada le impartía las enseñanzas y en familia conversaban y debatían un tema.

En otra tribu había un hombre llamado Laín, quien era el hermano mayor y tenía dos hermanas mellizas; anteriormente formó parte de la tribu de Shada hasta que Laín los traicionó. A diferencia de la tribu de Shada, la de Laín se regía por la ley de la fuerza y el odio. Laín trabajaba la tierra cuando le daba la gana y muchas veces trataba de robar a otros sus cosechas.

Aquella región era gobernada por la tribu de los Mirran1, no por ser los más justo sino los más fuertes físicamente, y obligaban a las demás tribus a entregarles lo mejor que producían, a modo de tributo.  Un día, Irran (jefe de los Mirran) recibió con mucho agrado el tributo de Shada y Aneshada, pero luego enfureció ante el mal estado del tributo que le estaba entregando Laín y por esto ordenó que lo castigaran públicamente. Mientras Laín era castigado, miraba fijamente y con todo su odio a Shada y Aneshada, a quienes culpaba por lo sucedido.

Al cabo de unos días, Shada y Neshedad, viendo que ya era tarde y su amado hijo no regresaba, decidieron salir a buscarlo. Luego de un rato buscándolo, lo encontraron tirado en el suelo rodeado por sus ovejas, como únicos testigos del cobarde acto perpetrado por Laín, quien se dejó llevar por el odio y su infinita ignorancia. Neshedad se tiró sobre el cuerpo sin vida de Aneshada y lloró desconsoladamente… Shada se postró de rodillas y elevó su rostro al cielo buscando una explicación. En ese momento de intenso dolor, Neshedad se apartó del camino de Chusa y abandonó a Shada.

Después de varios días, Shada encontró a Neshedad en una de las tribus de la montaña, los Risosh; ellos la habían encontrado casi muerta. Shada logró llevarla de vuelta a casa, luego de pagarles con tributos.

De regreso a casa, llegaron a un río donde Shada decidió acampar junto a un frondoso árbol. Se quedaron dormidos, y Shada tuvo una revelación, a través de un sueño, de cómo curar a Neshedad. Shada despertó lleno de certeza en su corazón. Rápidamente puso sus manos en el vientre de Neshedad y la cuidó con mucho amor, hasta que ella despertó sana. Volvió en ella la fe, retomando su propósito de vida. En ese momento, Shada exclamó “¡Acala! ¡Acala!”.

Pasado un tiempo, Chusa les dio la bendición de tener otro hijo, al que llamaron Shate. Shada y Neshedad supieron que el mismo Espíritu que había encarnado en Aneshada, ahora regresaba a su familia para reencarnar en Shate. La llegada de este hijo les devolvió la alegría y lo criaron bajo los mismos principios de Amor. También tuvieron más hijos e hijas y la familia creció como una bendición.

Ya viejo, un día Shada se acercó a un cerro, el cual se iluminó completamente y la voz de Chusa se dejó escuchar: “De tu hijo amado Shate nacerá tu descendencia, al que le entregarás la responsabilidad de la Verdad y la Luz. Debes nombrarlo patriarca de tu tribu porque tus días están por terminar y todos los de tu familia deben saber que tú lo has nombrado”.

Siendo Shate el patriarca de la tribu, ésta creció cada día más, familias de otras tribus le pedían formar parte de la suya porque veían en él un verdadero ejemplo de vida a seguir… y así tiempos de verdadera prosperidad llegaron para esta gran Familia.

Un día, cuando Shate caminaba con varios de los suyos, se encontraron con unos hombres de similar aspecto a ellos, aunque más altos de estatura. Los de la tribu de Shate, al verlos, exclamaron Kalum2, y a su vez, éstos llamaron a Shate y los de su tribu, Esenim3 . Los Kalum se quedaron en la tribu de Shate y establecieron una relación basada en lazos fraternales, uniendo y fusionando sus conocimientos. Así nace el Conocimiento Esenio, el cual se basa en la Fe a través del Conocimiento, el cual integra la Espiritualidad y la Ciencia, y nos enseña que todos somos hijos de un único Padre Creador de todo cuanto existe, y que nos pide reconocernos y amarnos los unos a los otros en Amor, Paz y Unión.

Desde aquellos tiempos hasta nuestros días, este Conocimiento se viene transmitiendo de manera presencial, de generación en generación. Así es como Shate cumplió con su misión de vida, tal como su padre Shada y su madre Neshedad lograron completar su misión, y antes que ellos sus padres y los padres de ellos, también. A partir de la unión de la tribu de Shate y los Kalum, se establece la Comunidad de los Esenios. A través de la estructura establecida, este Conocimiento llega a nosotros a través de la guía de 75 Primogénitos de Luz4, siendo Shate el primero de ellos. Algunos de estos Primogénitos de Luz son, Shanos (hijo de Shate), Hainam, Hodem, Hoisem, Habraim, Haisam, Hisaim, Hofem, Hanaam, Heriim, Hieshum, Hagdalaam, Hubem, Kapetm, Liduvino, Mario, Lesme, y muchos más hombres, mujeres, y umerés, quienes a pesar de todas las adversidades a las cuales estuvieron expuestos, se mantuvieron firmes en el camino de Chusa y supieron proteger y guardar el Conocimiento hasta nuestros días, hasta llegar al actual Saigam de la Comunidad de los Esenios, el Maestro Kafidu.

 

1 Hombre gigante.

2 Los que vinieron del cielo, a través del mar.

3 Esenios, las manos sabias que traen el buen mensaje. Guardianes de la Palabra de la Verdad de Chusa.

4 Maestros espirituales que vienen a guiar a la humanidad.

 

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