Cómo triunfar siempre a través del amor

Empieza el día; un chico con un gorro se levanta de su cama. Tiene un perrito que siempre lo acompaña. Salen a la calle.

Camina tranquilo con su perrito, para encontrarse con su enamorada. Cuando la ve, se da cuenta de que está llena de ira; apenas se acerca, ella lo agrede verbalmente. Le envía toda su energía negativa.

El chico del gorro podría responderle igual: gritarle, ponerse agresivo, atacar la negatividad de su enamorada con más negatividad; sin embargo, hace lo contrario. Le responde con energía positiva. Le da Amor. La chica no soporta esa energía positiva. Su ira quiere crecer, pero la energía de Amor que emana el chico se hace más fuerte. La chica responde con más odio.

Finalmente la energía de Amor que emana el chico, neutraliza toda la energía negativa que emanaba la chica. Ahora solo queda la energía del Amor entre los dos.

El chico se despide de la chica. Mientras camina por las calle encuentra a un tipo muy enojado con otro, después de chocar sus carros. Igual que la chica, el afectado está lleno de ira, y su energía negativa va en aumento. Está dispuesto a sacar toda esa mala vibra a través de golpes.

El chico del gorro hace lo mismo que con su enamorada. Empieza a vibrar en Amor. El hombre colérico se pone más salvaje. Su negatividad quiere crecer, pero la energía positiva que emana del chico del gorro, se mantiene en Equilibrio, no permite que las malas vibraciones crezcan. Las vibraciones densas solo pueden alimentarse de más vibraciones densas. El chico no alimenta estas vibraciones densas, las neutraliza, y las termina transformando en positivas. La “mala onda” del hombre no encontró cómo alimentarse, y se esfumó.

Lo más interesante de la historia es que el chico del gorro no representa a ninguna religión, no busca convencer a nadie de sus creencias, lo único que hace es neutralizar las energías negativas de las personas, y así hace que las otras personas aprendan a ver el mundo de otra forma. Es como si el chico del gorro, con su actitud, lograra ese mundo ideal que tantas religiones buscan. Y lo hace aplicando el verdadero significado de “dar la otra mejilla”. No significa que se deje atacar o humillar. No significa que se muestre débil frente a las personas. Cuando el chico “da la otra mejilla”, lo que hace es mostrar toda su Fortaleza. Porque las energías negativas que van a atacarlo, chocan contra la Paz que el chico representa, contra el Amor que el chico emana, contra la Unión que él busca en cada abrazo. Y estas fuerzas llenas de luz terminan venciendo al ataque de la negatividad.

¿Cómo sería el mundo si aparecieran cada vez más chicos como el chico del gorro? Las energías negativas no sabrían como alimentarse, las guerras tendrían menos adeptos, la gente sería curada más por Amor que por pastillas. Parece un sueño de niños solucionar los problemas del mundo de una forma tan sencilla. Pero qué tal si empezamos por el mundo de nuestro entorno. En nuestras casas, en nuestras familias, en nuestros centros de trabajos, en las calles, todo el tiempo nos enfrentamos a las mismas situaciones con las que se enfrenta el chico de gorro. Podemos empezar a practicar el “dar la otra mejilla” que está lleno de Fortaleza, y no aquel otro que solo nos hace más débiles. Podemos empezar cambiando el mundo de nuestra propia vida, y quizás nos demos cuenta de que, en efecto, sí podemos unir fuerzas para hacer cambios positivos a gran escala, y lograr que el chico del gorro se multiplique en cada uno de nosotros, para que la ley del Amor sea la única que reine.

(*) La historia del chico del gorro aparece en un video del grupo “Badly drawn boy” para su canción “Year of the rat”. Pueden ver el video en este link:

Interpretación de la historia por:

Luis Zúñiga
Maestro Esenio

3 comentarios

  1. Yo tuve “un chico del gorro” por casi nueve años. Tenía cola y cuatro patas y se llamaba Cherokee. Era amor en estuche de pastor alemán y era capaz de transformar el miedo, el dolor, la angustia, la frustración,…

    Aún ahora, después de casi 2 años de su partida, cuando las cosas se ponen difíciles recuerdo sus ojos, ciegos pero limpios, su cola a mil por hora cuando me sentía cerca, su calor en ese abrazo interminable que compartimos tantas veces mientras yo lloraba y ella, Cherokee, simplemente me amaba con ese mismo amor del chico del gorro.

    Confieso que me encantaría llegar, algún día, a parecerme a Cherokee… Me encantó tu historia, gracias!!!

    Carmen

  2. Esta es una historia para compartir, ya que todos deberiamos ser los chicos del gorro, asi nadie se pondría violento y amainaríamos los brotes de cólera que surgen por una vida demasiado estresante, a la que hay que dar la vuelta y convertir el odio en un amor incondicional para seguir el Camino que nos traza Dios.

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