Entre la salud y la enfermedad

La primera vez que recuerdo haberme sentido enfermo fue cuando era muy niño, aparentemente tenía problemas en el oído. Esto lo recuerdo porque me quedó marcada la mirada de preocupación que tenía mi madre. También recuerdo a la doctora viniendo a mi casa en la noche y tengo la sensación de cómo mi mamá me acariciaba mientras yo lloraba desconsolado.

Si hoy quisiera saber cuál era la intensidad de el dolor que tenía en esa época, en verdad no podría recordarlo; pero  algo que aprendí por esos días sí es seguro, que tener a mi mamá feliz y riéndose en mi casa marcaba un síntoma de salud general, y el tenerla dando vueltas, preocupada y nerviosa, marcaría un signo claro de enfermedad.

El ser alérgico de pequeño también marcó mi vida, tuve que tomar hierbas y brebajes densos y si mi madre hubiese tenido aún más control  sobre mí, yo no hubiera conocido ni al chocolate ni a la gaseosa.  Cuando mi abuelo venía de visita, a mis hermanas les traía Sublimes, Sorrentos y caramelos, a mí me daban galletas de soda o de vainilla. Cuando eran los cumpleaños y mis hermanas podían comer chocolates, chizitos, mashmelows y chupetes, yo comía galletas de animalitos; si la torta era de chocolate o tenía colorante, para mí había chifón. Nunca pude piratear alguno de estos manjares prohibidos sin ser descubierto, mi mamá me levantaba las mangas o el pelo, veía las ronchas y me decía con cara preocupada: “¡Has comido porquerías o haz abrazado un perro!”…  también era alérgico a los perros.

Ella veía en todos esos males que yo no recuerdo y en el día de hoy ni me preocupan. Eran asuntos muy importantes y aunque los trataba con firmeza, eran su cariño y su amor los que buscaban mi salud. Yo de seguro,  era más feliz atragantándome de caramelos y chocolates bajo la mesa que pensando en la preocupación que ella tuviese por un par de granitos o manchitas que para mí no eran nada importante.

Pasaron algunos años y siempre tengo en mente el haberme curado rápido de las heridas, si me caía jugando en el parque al día siguiente era como si no hubiese ocurrido nada. Así pasa cuando uno es chico, el miedo es una sensación que no se conoce ni se tiene muy presente, haces cosas sin pensar mucho en las consecuencias y la salud es un estado que se da por sentado. La enfermedad, para mí, fue un lapso muy poco frecuente que se dio por consecuencia de una gripe simple, una indigestión o en el peor de los casos en una eruptiva tipo rubeola.

Para mí la enfermedad apareció de una manera tangencial.

Cuando era muy niño, mi papá era un hombre joven y saludable de como 38 años. Apenas había regresado de viaje salimos con toda la familia de la casa y en la panamericana sur, a unas cuadras de mi casa, sufrimos un aparatoso choque. En este choque mi papá perdió la vida.

Aunque yo era muy chico, si hurgo en mi memoria encontraré una que otra foto mental de ese acontecimiento negativo, junto a una cicatriz en el medio de mi ceja izquierda que quedó como marca para el recuerdo. Desde aquél día, la enfermedad llegó de a pocos a mi casa. Con la muerte de mi padre y su partida apresurada, mi mamá, sin saber bien qué hacer, se trajo del hospital mucha pena acumulada que con el tiempo desbordó un corazón roto.

La inestabilidad que este hecho trajo consigo inundó mi casa de inseguridad y dudas. Aunque mamá nunca lo dijo, intuyo que cuando lloraba eran la soledad y el miedo los que ocupaban el espacio en lugar de sus sonrisas.

No tuvieron que pasar muchos años para que mi mamá caiga enferma. Durante ese choque, mi mamá se golpeó el pecho y nunca le dio ni al cuerpo ni al espíritu la atención necesaria para recuperarse .

Con el tiempo el moretón e inflamación se convirtieron  en tumor. La angustia y la pena lo transformaron en cáncer.

La enfermedad de mi mamá me brindó una nueva imagen del dolor, no sabría decir si la vi sufrir más cuando los efectos de la quimioterapia la tumbaban o cuando los dolores del cáncer avanzaban y le retorcían los huesos. La enfermedad se define clara cuando la vives desde afuera y a la vez de un modo tan cercano.

A mi mamá se le contagió una pena, que como una densidad negativa la envolvió, y poco a poco fue contagiando a todo aquel que su amor y alegría tenían destinado iluminar.

Esta enfermedad que tomó la vida de mi madre no es nada rara en estos tiempos. Cuando me refiero a esta enfermedad, no hago referencia al cáncer, sino al conglomerado de sentimientos y sensaciones negativas desbordadas, como la pena, la angustia y la soledad (entre otros), que nos arrastran a escondernos en una burbuja donde el espíritu, solito, se aprisiona, corta toda conexión con la vida y, poquito a poquito, marchita el cuerpo que muere desde adentro.

Fue dentro de estos acontecimientos densos en los que descubrí un don maravilloso que Dios me dio, pues aprendí a hacer masajes sólo para que mi mamá pudiese descansar un rato tranquila puesto que a las finales para ella, el sentarse se había convertido en una tortura.

Mi mamá supo alentarme y darme mucha seguridad cuando después de sobarle alguna parte del cuerpo me decía que sentía como el dolor se había desvanecido, logro que ni los opiáceos más fuertes conseguían. Por un par de minutos la veía contenta y sonriente. Sin conocer método alguno, comencé a notar que mis manos se calentaban de manera intensa, hecho que no ocurría en ningún otro momento del día, y sin que yo diga nada, mi mamá comenzaba a experimentarlo, para luego ratificar esa sensación en los mismos puntos que yo había visualizado.

Yo feliz y satisfecho, llegué a pensar que tal vez de esta manera, ella podría sanar.

Como ya lo dije más arriba, su cuerpo en realidad no sanó, mi mamá murió ya hace muchos años en el hospital de Neoplásicas.

Por algún tiempo yo llevé esa misma pena que le embargó el espíritu y la oscureció.

Hoy, después de un proceso largo, he aprendido  que la enfermedad y la salud tienen caras muy diversas, dependiendo únicamente de nuestra capacidad de discernimiento. Aunque mi mamá no vivió para ver a sus nietos, hoy sé que su espíritu y su cuerpo se alinearon durante esos minutos de paz que el  amor de mis manos, el cariño mutuo y la fe lograban darle para que cuando su espíritu y cuerpo diluyesen su unión, lo hiciesen de manera más pacífica.

Aunque su estado general era de enfermedad, esos cortos minutos siento que fueron de salud.

Esta etapa de mi vida encendió en mí la motivación necesaria para poder indagar alrededor del mundo acerca de este proceso común, donde el cuerpo expresa lo que el espíritu reclama, el querer sentirse alineado, feliz y contento, en otras palabras, saludable. Yo quería sentirme así, fuerte y bien plantado; y por qué no, tal vez en el futuro ayudar a otros.

Circunstancias de la vida, que comentaré en una futura entrada, me llevaron a conocer hace algunos años atrás a la Comunidad de los Esenios, y al Maestro Julio del Toro. Acudí a ellos en mi búsqueda de alternativas de sanación y conocimiento.

Gracias al conocimiento que he ido asimilando a lo largo de estos años, como parte de la comunidad, las respuestas a muchos acontecimientos de  mi vida comenzaron a tener sentido. No por el hecho de aceptar los sucesos negativos que nos llevaron a un espacio oscuro con simple resignación y un futuro aprendizaje; sino, más bien, al hecho de conocer acerca de la existencia de herramientas ancestrales efectivas tanto como para la prevención como para la interrupción de cualquier suceso, ciclo o cadena de tropiezos que te llevan a vivir dentro de un espacio donde tu desarrollo y capacidad de impactar en el mundo de manera positiva son nublados.

Una muy mala racha de sucesos desencadenó en mi madre una terrible enfermedad; que, aunque ella la llevó con mucha hidalguía y valor, en su mundo, no existían drogas o tratamientos que alivien su dolor, soledad y pena. En su mundo no hubo más salud.

El sistema de sanación Esenio trabaja a través de diferentes métodos para brindar una solución integral  de armonía y orden que repercuten en el cuerpo físico a través de su alineación con el cuerpo energético. Cuando el cuerpo energético recupera su armonía, el cuerpo físico se alinea con éste y recupera su salud.

Es gracias a este entrenamiento, donde cada día se me abren nuevas e inesperadas puertas de entendimiento, que poco a poco mis sentidos y sensaciones se han ido afinando con el firme propósito de lograr proyectar salud a los demás, siendo empático con su dolor. He logrado observar muchos casos, y cómo éstos han evolucionado de un estado enredado, obscuro y confuso, a un estado de amor por la vida, de paz con su cuerpo y de unión con su espíritu, que les brinda a personas, con enfermedades duras y críticas como la que tuvo mi mamá, una nueva esperanza de vida en este mundo y en este tiempo.

Mis próximos posts serán sobre temas relacionados a mi desarrollo como parte de la Comunidad de los Esenios, mis experiencias como sanado y de cuando en vez, como sanador. Espero que las experiencias de mi vida sean útiles para quienes las lean y las compartan.

Amor, Paz y Unión

14 comentarios

  1. Es un hecho que la salud la marca el espíritu que manda sobre la materia. Cuando permitimos que ciertos factores negativos nos derrumben espiritualmente la materia simplemente se manifiesta. No es necesario esperar que eso suceda, es por eso que debemos ser responsables y alimentar el espíritu para que nuestro cuerpo esté saludable y nos permita lograr aquella misión que como seres humanos hemos venido a cumplir.
    Gracias por sanar nuestro espíritu con palabras llenas de la energía del conocimiento de la vida, la buena nueva.

  2. Hermoso testimonio mi querido Suanam, mi respeto y admiración por tu actitud ante la vida pese a acontecimientos tan adversos que a muchas personas les termina hundiendo en problemas personales, emocionales y sociales;en cambio, Tú te permites ver La Luz y continuar tu camino espiritual ; Gracias porque en cada palabra trasmites tanta sabiduría, luz , amor, paz, y esperanza a personas que sienten que no hay una salida a la oscuridad en que se encuentran.

  3. Es cierto que somos el resultado de un cúmulo de emociones… ojalá siempre sean positivas… mas, no siempre ocurre así….

    Sin embargo no es fácil seguir viviendo y hacerlo con PAZ Y BIEN, después de penosas experiencias y más aún, tener la convicción de que vivir con felicidad es una construcción cotidiana, de entender a plenitud como lo has hecho tú, de todo este proceso por el que pasó tu madre, te ha llevado a entender aún más, que a pesar de estar aún tan unido a ella: TÚ, eres OTRA PERSONA y lo estás demostrando Pedrito… ¿es que si tú emprendieras el mismo camino de la autodestrucción serías capaz de haber hecho este análisis?… mmmm, parece que el sistema de sanación Esenio, en este caso te ayudó y es valioso reconocerlo … pero antes que este o cualquier otro sistema, ha de tomarse en cuenta que has tenido que TOMAR UNA DECISIÓN, con más o menos esfuerzo (considero que fue mucho esfuerzo), ¡¡pero lo has hecho…¡¡ ya es poner un alto y luego mantenerte en esa decisión y no autodestruirte, es mucho más valioso aún. Se necesita coraje, valor, quererte a ti mismo ¡¡¡ Te quiero mucho Pedrito.¡¡ Sigue escribiendo¡¡¡
    Tu tía Juanita

  4. Habemos muchas personas que nos dejamos deprimir por cosas que finalmente son menores… Por eso siempre es admirable una actitud como la tuya, aunque siempre he pensado que tienes una energía especial amigo Pedro

  5. Primo, que lindo artículo o mas bien, que bonita forma de describir experiencias personales con una enseñanza para todos. Leyéndolo he recordado contigo cosas del pasado, las he sentido tan cercanas y creo que como yo, muchos que lean tu artículo se sentirán identificados de alguna u otra forma. Te felicito y valoro mucho lo que haces primo, hay mucha sabiduría en tus palabras. Son una enseñanza y un buen camino a seguir, no dudo que sean útiles para quienes lo lean. Gracias Pedro por enseñarnos que en todo lo que nos pasa, sobre todo en las dificultades que nos pone la vida, podemos construir algo positivo, para nosotros y para los demás! TQM

  6. Querido Suanam, agradezco infinitamente tus palabras porque tu testimonio nos llena de aliento, y esperanza, es el claro ejemplo de la transformación. A través de tu sabiduría, has podido utilizar estas experiencias para brindar tu ayuda y sanar a los que te rodean día a día. Actitudes como estas hacen que las personas sean especiales y promueven a hacer especiales a más personas. En nosotros está tener la iniciativa para lograr un cambio positivo frente a cualquier adversidad que se nos presente.
    Bendiciones para ti hermano mio y sigue transmitiendonos ese ejemplo de vida, haciendonos entender que cada nuevo día es una nueva oportunidad de vida y de esperanza.

  7. Gracias querido Suanam, tus palabras llegaron en el momento que más las necesitaba! Gracias infinitas! Gracias por compartir con nosotros!
    Bendiciones!
    AnKam

  8. Hola, qué gran artículo. Y qué gran enseñanza que nos deja. Con seguridad, no vinimos a aprender sufriendo, pero sufrimos cuando aún no tenemos el conocimiento necesario para poder ordenarnos en la vida. Me da mucho gusto que la vida no sea una línea recta, y que tenemos la oportunidad de encontrarnos y reencontrarnos una y otra vez para seguir aprendiendo cada vez más.
    un fuerte abrazo

    Ricardo Guglielmino

  9. Me pone muy feliz el ver tantos comentarios, no lo esperaba. Muchas gracias a todos por tomarse el tiempo en leer el articulo y de hacerme sonreir con su respuesta.
    Gracias, amor, paz, union.

  10. Hermano, me haz hecho regresar en el tiempo y recordar desde tus ronchas por comer chocolate, hasta los ultimos momentos de mi mami….y tambien he podido darme cuenta que haz crecido mucho espiritualmente y ese crecimiento ha llevado a que tu cuerpo este cada vez mas sano, dejando ya atras los males estomacales y otros dolores que te aquejaban.
    Me hace muy feliz saber que compartes tus dones con nosotros.. tu familia…. y que harás de tus sobrinos hoy .. y luego de tus hijos conocedores de la sabiduria milenaria que tanto te esmeras por practicar y conocer.
    Escribes lindo ..nunca dejes de hacerlo…algun día muy cercano Rafaella le leerá a Domenico un libro escrito por su tío Pedro.

    Besos

    Diana

  11. Querido Pedro.

    Aparte del maravilloso don que poseen tú y tus manos, debes saber que escribes lindo y tienes la capacidad de que con simples palabras y sin decoros podamos entender que la salud y la enfermedad es el “resultado de lo que nuestro espíritu demanda” (me encantó esta cita). Me alegra de todo corazón que todo tú estés así de bien plantado y que de esa forma puedas ayudar a otros alinearse.

    Gracias por compartir con nosotros tu sabiduría. Yo para mis pequeñas tengo que estar sana porque es mi luz la que las irradia y esta luz debe ser la suficientemente fuerte como para guiarlas por el camino de la paz y el amor.

    Te quiero mucho, querido amigo.

    Mariespe.

  12. Apreciado Suanam, me ha emocionado tu experiencia de vida, creo que has demostrado poseer una gran fortaleza humana basada en el inmenso Amor de nuestro Amado Creador, agradezco que compartas con tus hermanos, vuestro sentir. Considerando que todos somos parte de uno podemos sostenernos el uno a otro mediante el mas puro Amor de Nuestro Amado Padre.

  13. La sensibilidad tan grande que hay en tus palabras resaltan la fortaleza con que te proyectas para levantarte de situaciones adversas. Nos dejas un buen motivo para sentirnos muy agradecidos con lo que nos toca.
    Muchas gracias!

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